Por Kajal Hajiabbasi —activista política y directora de la Organización de Mujeres del Kurdistán
Todos los políticos y activistas kurdos, cuando entran en las salas de las conferencias y reuniones políticas de la oposición o de los centros iraníes, deben enfrentarse a una pregunta fundamental y esencial: ¿por qué el persa se convierte siempre en el único medio para transmitir el mensaje? ¿Se trata de una elección técnica y organizativa por razones de conveniencia, o es una prueba de un sistema no escrito de centralismo y de la supremacía de la lengua dominante? ¿Es este recurso al persa un signo de falta de confianza en sí mismo y una especie de autodesprecio ante el poder imperante, o simplemente una táctica política?
La respuesta a esta pregunta no abarca una sola dimensión; tiene varios aspectos entrelazados:
Primero: Algunos representantes kurdos creen que el uso del persa es un «atajo» para transmitir el mensaje al mayor número posible de oyentes e influir en la opinión pública iraní. Pero esta visión tiene un precio histórico; pues cuando una táctica política, en aras de transmitir el mensaje, renuncia a su propia lengua, de hecho concede de antemano la supremacía cultural y política del centro y debilita la dimensión identitaria de su propio discurso.
Segundo: Aunque en muchas de esas reuniones no existe una prohibición legal absoluta, existe, no obstante, una frontera invisible y un temor psicológico constante. La mayoría de los participantes caen en la «autocensura»; temen que hablar en kurdo pueda interpretarse como un signo de separatismo o de extremismo. Esta situación hace que la voz kurda en los ámbitos políticos aparezca meramente como un apéndice lingüístico, y no como un polo que ostenta derechos.
Tercero: cuando se debate sobre la democracia y la alianza, la pluralidad y el multilingüismo suelen quedar relegados a un segundo plano en nombre de una lengua común y de la unidad nacional. Pero hay que dejarlo claro: una democracia construida sobre la base de la eliminación del multilingüismo no es más que un cambio de rostro de la dictadura. El respeto de los derechos lingüísticos no es una cuestión secundaria; es la piedra angular de cualquier acuerdo genuinamente democrático.
Cuarto: un aspecto importante de esta cuestión es la brecha entre las palabras y los hechos. Es notable que la mayoría de los partidos que hablan de federalismo hayan fracasado en el más mínimo paso práctico. El federalismo no es meramente la división del poder; la igualdad lingüística es uno de sus pilares fundamentales. En una conferencia en la que no hay interpretación simultánea a las lenguas no persas, hablar de federalismo carece de fundamento y no es más que un eslogan brillante. No se trata simplemente de una deficiencia técnica; es un signo de la debilidad de la voluntad política.
Quinto: A menudo, las reivindicaciones fundamentales de los kurdos, como el derecho a la autodeterminación, son censuradas de forma sutil o indirecta. Los kurdos y los demás pueblos de la geografía de Irán se ven siempre obligados a reunirse bajo las banderas y los símbolos del Estado-nación iraní centralista, sin que se les permita mostrar ni el más mínimo símbolo de su propia identidad. Este acto, en el fondo, es un esfuerzo por hacer que las partes marginadas se adapten —no una asociación en igualdad de condiciones. El intento de los pueblos no persas de compensar esta desigualdad simplemente colocándose una pequeña cinta en la solapa o mediante un gesto insignificante no puede sustituir a los derechos políticos y jurídicos formales.
En conclusión, esta cuestión no es meramente lingüística; es un reflejo del equilibrio de poder. El kurdo no es solo un instrumento de expresión; es una parte importante de la identidad y de los derechos políticos. Por esta razón, ha llegado el momento de que la política kurda, con mayor confianza en sí misma, establezca sus propias condiciones y límites nacionales para la participación en cualquier plataforma. Cualquier participación en la que el kurdo no esté presente como lengua oficial y en pie de igualdad, y como identidad nacional, no será garantía de un futuro libre. El objetivo no es meramente la democratización del centro; es la preservación de la dignidad y la garantía de los derechos legítimos del pueblo del Kurdistán como nación en pie de igualdad.
